viernes, 23 de septiembre de 2011

Otro año más es Otoño

Ya es Otoño y el verano quedó atrás cargado de recuerdos. La segunda entrada que hice en este blog decía así:

Octubre

En otro tiempo era verano

su fuego, sus ardores,

quien encendía mi fantasía.

prefiero ahora el otoño

por sus color que embriaga,

amo la estación cansada

tras la vendimia.

Nada se me parece más,

nada me consuela más,

que este aire que huele

a mosto y a vino,

que este viejo sol de octubre

que resplandece sobre las viñas saqueadas.

Sol de otoño inesperado,

que resplandeces como en un más allá

con tierna perdición

y vagabunda felicidad,

tú nos ves agotados,

esperando lo peor, con la muerte en el alma .

Por eso nos gustas,

vago sol superviviente

que no sabes decirnos adiós,

volviendo cada mañana

como un nuevo milagro,

más hermoso cuanto más desciendes

y estás casi muriendo.

Y con estos increíbles días

vas componiendo tu estación,

toda una dulce agonía.

Pero de esta poesía hace ya un año. Cuantas cosas pueden cambiar en un año. No somos capaces de imaginarlo si quiera. Creo que puedo recordar más o menos como andaba la cosa por estas fechas hace justo un año. Ya habían dado comienzo las clases, esos primeros días, que todos deseamos que llegaran después de un largo verano. Apenas nos habíamos visto y había mil cosas por contar.

Han pasado tantas cosas en un año. Nuevas amistades, nuevas experiencias, nuevos lugares, nuevas decepciones, nuevas responsabilidades… incluso la difícil decisión de ir de Erasmus, que como podéis comprobar esa decisión que valientemente tome se la llevo el viento. Me mantengo en la ciudad de siempre, mi ciudad, Almería.

Ahora me espera otro año. Me conformaría con que fuera la mitad de bueno que lo fue el año anterior. Pero por lo que parece este promete mucho…

Tania ferre

domingo, 4 de septiembre de 2011

Volvió septiembre

Tengo el blog en estado de abandono. Creía que el verano, las vacaciones, la playa, el calor… me iban a inspirar a escribir muy a menudo ya que tendría mucho tiempo libre, pero no ha sido así, todo lo contrario no he tenido ni ganas de escribir. Por ahí tengo varias cosas empezadas pero sin gracia, parecen escritas sin ganas… y son temas de los que quiero escribir pero quiero que reflejen todo lo que yo he sentido, quiero leerlo y volver a estar en esos lugares. Pero creo que tendré que esperar a que mi inspiración vuelva.

Septiembre ha vuelto y con él viene el final del verano, de las vacaciones y de los días de playa. Ahora toca volver a la rutina. Una rutina que a mí personalmente no me disgusta. Todo el día en la Universidad rodeada de gente, las prisas, el estrés, pero sobre todo los buenos momentos, las risas, las comidas con Mercedes, el café de antes de clase, las charlas en el autobús… se echan de menos después de tirarte nueve meses haciendo lo mismo a diario. Aunque este curso las cosas van a ser algo diferentes, me reservo una entrada para explicar los cambios.

De este verano no tengo queja alguna. Ha sido uno de mis veranos más relajantes, incluso he empezado a hacer un poco de deporte, que nunca viene mal. Eso sí, no he tocado un libro, ni de estudio ni de lectura, que desastre, así como voy a tener ganas de escribir. Ahora llega el momento de volver a coger boli y papel y dejar la toalla y las gafas de bucear guardadas hasta el próximo verano.

Próximamente escribiré cositas del verano. De mientras os dejo una canción para que recordéis “los días de verano”

http://www.youtube.com/watch?v=_qkWkXE3gq0&ob=av2n

Tania Ferre.

domingo, 28 de agosto de 2011

Mi niñez

Tenía diez años y un gato peludo, funámbulo y necio, que me esperaba en los alambres del patio a la vuelta del colegio.

Tenía un balcón con albahaca y un ejército de botones y un tren con vagones de lata roto entre dos estaciones.

Tenía un cielo azul y un jardín de adoquines y una historia a quemar temblándome en la piel.
Era un bello jinete sobre mi patinete,
burlando cada esquina como una golondrina, sin nada que olvidar porque ayer aprendí a volar, perdiendo el tiempo de cara al mar.

Tenía una casa sombría, que madre vistió de ternura, y una almohada que hablaba y sabía de mi ambición de ser cura.

Tenía un canario amarillo que sólo trinaba su pena oyendo algún viejo organillo o mi radio de galena.

Y en julio, en Aragón, tenía un pueblecillo, una acequia, un establo y unas ruinas al sol.
Al viento los ombligos,volaban cuatro amigos, picados de viruela y huérfanos de escuela, robando uva y maíz,
chupando caña y regaliz. Creo que entonces yo era feliz.

Tenía cuatro sacramentos y un ángel de la guarda amigo y un "Paris-Hollywood" prestado y mugriento escondido entre mis libros.

Tenía una novia morena, que abrió a la luna mis sentidos jugando los juegos prohibidos a la sombra de una higuera.

Crucé por la niñez imitando a mi hermano.
Descerrajando el viento y apedreando al sol.
Mi madre crió canas pespunteando pijamas, mi padre se hizo viejo sin mirarse al espejo, y mi hermano se fue de casa, por primera vez.

Y ¿dónde, dónde fue mi niñez?

Joan Manuel Serrat.


viernes, 12 de agosto de 2011

" Un día, vi ponerse el sol cuarenta y tres veces. ¿Sabes?... Cuando uno está verdaderamente triste son agradables las puestas de sol..."
( El Principito)




Sentir el viento en tu cara mientras miras un precioso atardecer. Todos deberíamos de practicarlo de vez en cuando.

La foto son las vistas desde una de las ametralladoras de la guerra civil en La Fabriquilla, Nijar.

martes, 2 de agosto de 2011

Enamoramiento

He discutido largo y tendido sobre el tema que voy a abordar en esta entrada. Llevo varios días pensándolo, no se porque, pero es algo que ronda por mi cabeza: se trata del los tipos de enamoramiento que existen. Me negaba a aceptar que el amor, o Eros, se limitaba al enamoramiento entre dos personas, reiterando una y otra vez que nos podemos enamorar de las personas sin necesidad de tener deseo sexual hacia esa persona. Después de mirar un par de definiciones, y algunas páginas webs, he descubierto, que en parte yo llevaba razón, pero no del todo; Eros sí que es el enamoramiento que se siente por otra persona: por la persona que eliges para pasar el resto de tu vida. Lo que no sabia es que existían otros tipos de enamoramiento y la otra noche, mientras intentaba conciliar el sueño, me puse a pensar en ello y se me ocurrío dividir el enamoramiento en tres tipos.
  • El enamoramiento que sientes por tus padres, hermanos, abuelos…siendo este el  primero que conocemos
  • El enamoramiento que sentimos por nuestros amigos.
  • Y por último el enamoramiento por esa otra persona “especial".
Buscando, he encontrado que a esos tres tipos de amor habría que añadir otro más y que cada tipo de amor tienen un nombre diferente desde la antigüedad, claro esta parte a mi no me la explicaron y yo me empecinaba en que el eros era más general porque solo me explicaron que significaba enamorarse de alguien, admirarlo… Estos son cuatro tipos de enamoramiento que existen:
  • Eros: amor entre parejas
  • Storge : afecto natural entre padres e hijos
  • Filia: amor de amigos
  • Ágape: amor de Dios
Ahora ya lo veo algo más claro. Yo ya pensaba que era la única que tenia estos pensamientos. Los 4 tipos de enamoramiento comparten casi todas las características de amor: es un estado emocional surcado por la alegría y la satisfacción de encontrar a otra persona que es capaz de comprender y compartir tantas cosas como trae consigo la vida (según la wikipedía).Pero cada una tiene una característica especial que hace que se diferencia uno del otro.
Si queréis leer algo más sobre el Eros o el amor podéis leer a Platón: El Banquete y el Fedro
Tania Ferre

lunes, 11 de julio de 2011

El final de nuestra gran aventura.

Teníamos que aprovechar al máximo la poca luz que nos quedaba. Como hacía rato, Dani volvió a adelantarnos para intentar buscar una salida. Nos desviamos del camino y nos metimos por una especie de grieta que había entre dos montañas… no pidamos ver el final…era imposible avanzar por aquel lugar. Mar y yo íbamos andando, con mayor dificultad, pero sin detenernos, por aquel estrecho lugar. Al girar la siguiente curva vimos a Dani en la cima de una de las laderas de la montaña. ¡Había encontrado una salida! De inmediato nos propuso subir aquella montaña, no muy empinada pero si con una arena muy suelta. Yo era la segunda vez en mi vida que me disponía a escalar una montaña sin ningún tipo de seguridad. Hice una reflexión en voz alta antes de comenzar – ¿Mar tiras tu primero? No, mejor tiro yo- Y allí que comencé a subir. Al principio no costó mucho pero la cosa se complicaba cuando las piedras y la arena se iban resbalando bajo mis pisadas. Intentaba cogerme al esparto para hacer la subida más fácil, sin embargo Mar no llegaba a algunos, por eso tire delante y menos mal que así lo hice porque pude ayudarla a subir algunos trozos. Intente subir lo más rápido posible, aunque Dani desde arriba nos gritaba –Tranquilas no hay prisa. Tened cuidado- y nos iba indicando por donde era más fácil subir.

Ya casi llegando pise una piedra suelta y resbale, menos mal que Mar me agarro y yo rápido me agarre a un mata de esparto, me entro un sudor frío por todo el cuerpo, el pie se me lleno de arena, pero no importaba teníamos que llegar arriba lo antes posible. Llegue arriba después de pelearme con un árbol que me entorpeció el camino y después de que Dani bajara y me ayudara a subir el último tramo dándome un empujón. Y allí estábamos los tres fuera de aquella garganta sin salida y con la esperanza de llegar pronto a Sorbas, sólo un milagro podría hacernos llegar y coger a tiempo el bus. Andamos en dirección a la montaña vecina, teníamos que llegar hasta allí para ver si estábamos cerca de Sorbas o no, desde allí solo podíamos ver almendros, olivos y el Cerro de Monteagud. Volvimos a ir en el mismo orden que todo el trayecto, Dani un par de metros por delante sin aliento y sudando a mares y nosotras dos detrás riendo e imaginando como hubiera sido si alguno de nuestros compañeros nos hubiera acompañado, incluso me tome la libertad de imitar la actitud que hubieran tomado.

¡Sorbas! Al fondo pudimos distinguir el pueblo de Sorbas. Ahora sólo teníamos que llegar hasta él. De pronto un camino blanco se nos apareció y que mejor que seguirlo. Mi móvil sonó y me aleje un poco de mis compañeros. Iba hablando un poco alterada viendo la hora que era y como el sol había desaparecido del horizonte de pronto colgué el teléfono al ver como Dani se tiro en cuclillas al suelo, lo comprendí de inmediato, por allí no había salida. Me acerque hasta ellos, es una imagen que no olvidaré: un atardecer de fondo, Dani allí sin decir palabra y Mar justo al lado de pie mirando aquel cortado que hacía la montaña. Puedo decir que ese fue en el único momento que perdí un poco los nervios. ¡No había salida! ¡Era de noche! Las palabras de Mar borraron de un golpe todos esos nervios y vi que teníamos que tomar una decisión rápido si o si.

Dani no quería hacerme caso, la culpa lo estaba matando, pero al final accedió a seguir el camino que yo les estaba indicando. Yo iba con total normalidad y tranquilidad, aunque con un cosquilleo que hacía rato que me acompañaba. Era un camino blanco, conforme mas oscurecía mas blanco se volvía. Yo tenía razón, en algún lugar ese camino había una “bifurcación” y tomaríamos el camino que nos llevaría directos a la carretera, yo estaba empeñada que era la que iba mi pueblo, luego pude comprobar que estaba equivocada, pero lo importante no era eso, lo importante era transmitirles a mis compañeros serenidad, sobre todo a Dani. Ya habíamos encontrado aquella bifurcación y veíamos cada vez más cerca las luces de los coches que pasaban por aquella carretera.

No teníamos ni agua, ni comida pero eso no impedía a Mar dejar de cantar “De vez en cuando la vida afina con el pincel, se nos eriza la piel y faltan palabras para nombrar lo que ofrece a los que saben usarla. De vez en cuando la vida nos gasta una broma y nos despertamos sin saber que pasa…” Yo sólo la escuchaba de fondo porque iba pensando en que hacer al llegar a la carretera, pero recuerdo perfectamente esa canción como si se tratara del final de aquella historia como si aquello hubiera sido una simple película de aventuras

Seguíamos caminando con la esperanza de llegar a la carretera, ya era prácticamente de noche y podíamos contemplar casi todas las estrellas, el camino blanco era más blanco aun y el cielo cada vez más negro. De pronto un ruido, una luz ¡Un coche! ¡Dios mío! ¡Milagro! Dani se tiró a la camino y lo hizo parar. Mar y él se acercaron, les dije que tuvieran cuidado, yo estaba esperando en una lado del camino, de pronto me llamaron- Van a Sorbas. ¡Nos llevan!- Era todo tan surrealista. De pronto estaba subida en un coche rodeada de 3 extraños y camino a Sorbas… Según Mar el niño que acompañaba al matrimonio nos miraba con cara de – Dios mío se han perdido, que aventureros- Yo también lo creo.

Llegamos al pueblo a las 21.35 de la noche. Al bajar del coche y agradecer mil veces a nuestros salvadores nos abrazamos los tres… habíamos llegado con tiempo de sobra incluso pudimos comprar agua. Estaba sentada en el asiento del autobús, sin creerlo aun. Mar estaba intentando dormir, Dani y yo estuvimos un largo rato reviviendo cada segundo de nuestra gran aventura.

FIN

Contando esta aventura habré cometido una, dos o quizás miles de faltas de ortografía y de expresión. Pero lo importante es narrar con mejores o peores palabras lo que tres amigos vivieron en un día que para ellos fue toda una aventura. Comparto lo que mi compañero de aventuras y mi amigo Dani ha dicho en su blog: con ellos no me importaría perderme o ir al fin del mundo. Mil gracias a los dos pos un día inolvidable.

Tania Ferre

viernes, 8 de julio de 2011

Río Aguas II parte

Y allí íbamos los tres en busca de la aventura del día, una anécdota que quedara en nuestra memoria para siempre y que nos hará reír cada vez que la recordemos.

Nos colgamos nuestras mochilas y emprendimos el camino de regreso a Sorbas. Salimos de aquel maravilloso lugar donde solo podíamos respiraba tranquilidad. Y así fue como encabece la salida del Nacimiento del Río aguas sin mirar atrás. De pronto mis ojos volvieron a ver la aridez tan característica de la rambla de Sorbas y supe desde aquel momento que añoraría demasiado ese día y ese lugar.

Emprendimos a paso lento nuestro regreso pero no sin antes pararnos a fotografiar aquella maravillosa encina solitaria que encontramos en medio de aquel desierto de espartos y retamas.

Las historias y las risas volvieron a tomar el protagonismo en nuestra conversación mientras andábamos por un camino completamente verde paralelo a la rambla. Parecía que el atardecer vistiera aquellos campos con sus mejores ropas porque, al mirar a cualquier lugar de lo que antes había sido una horrible rambla de piedras, solo podíamos ver colores, miles de colores… sería quizas la belleza del atardecer que lo engalanaba todo.

Llegamos al lugar donde el camino se dividía. Dani nos pregunto- ¿Qué camino cogemos? ¿Por el que hemos venido o por el largo y así hacer tiempo?- Mar y yo sin pensarlo dos veces respondimos- Por el largo- Y así fue, cogimos el camino que a Dani le habían recomendado en la caseta de turismo. El principio de aquel camino ya nos era familiar porque por la mañana habíamos tomado ese camino por equivocación y ahora volvíamos a pisar donde ya pisamos.

Yo no lo reconocí hasta que no pasamos debajo de un puente bastante antiguo por el que pasaba la carretera. Cuando pasamos aquel puente el terreno y el paisaje comenzó a cambiar ya no era tan fácil andar por aquella rambla, la arena se convertía por momentos en un barro muy pringoso que al pisar resbalaba y sonaba - Puaf, Puaf- pero lo pasamos entre risas, como no. A Dani aquel paisaje cada vez le gustaba menos y nos adelanto para ver si era el camino correcto. Allí quedamos Mar y yo intentado pasar por aquel inhóspito lugar sin darle mayor importancia y sin pararnos a pensar si podíamos correr peligro o no. Cuando Dani nos dejó allí yo eche delante. Al llegar a una especie de selva llena de esparto salvaje y de cañizos que nos entorpecieron el paso tuvimos que luchar para poder pasar, entre risas y más risas, y esa frase que tanto me recuerda Mar-¡Mar la retama! ¡Cuidado!- Plaf- y la retama acababa en su cara estampada. Salimos de aquel lugar llenas de arañazos y alguna que otra herida. Avanzábamos sin saber nada de Dani, sólo de vez en cuando una lejana voz nos llegaba diciendo – Este es el camino- o una simple una respuestas a nuestras preguntas - ¡Dani! ¿Izquierda o derecha?- Aquel lugar cada vez era más estrecho, mi corazón latía con bastante fuerza, por el simple esfuerzo de combatir contra aquellas malas hierbas. Mar y yo cantábamos, cantábamos todo el rato, - ¿Y quién es él? ¿En qué lugar se enamoró de ti?...- Estábamos perdidos pero ¿Y qué? Estábamos juntos, no nos pasaría nada, o esos eran al menos mis pensamientos.

Después de andar al menos una hora dejando atrás aquel peligroso paisaje entramos en una especie de garganta y Dani sin dudarlo nos hizo parar, avanzar era una locura, para él, para nosotras toda una aventura. El avanzo aun más y nosotras no pudimos hacer otra cosa que quedarnos allí esperando su regreso y buenas noticias. Mientras, sin agua, sin comida apenas y sin ser muy conscientes aun de que estábamos perdidas, tomamos una naranja, la última que me quedaba, recuerdo que iba andando mientras la pelaba y el jugo que desprendía me lavaba mis manos y resbalaba por mis brazos, un liquido sucio después de pasar pos mis manos más sucias aun. Y aquel momento ha quedado grabado en nuestras memorias- Mar, este los tiene aquí- señalándome la garganta, no basto más para echarnos a reír, pobre Dani. Al fin regresó sin aliento casi, bañado en sudor y en su cara se dibujaba una especie de temor mezclado con culpabilidad y nos dijo – Tengo una mala y una buenas noticia ¿Cuál queréis saber primero?- Casi a la vez respondimos – la mala- Y con el corazón en la boca nos dijo - Estamos perdidos, este camino no tiene salida, no sé donde estamos- Si hubieran sido otras su respuesta hubiera sido -¡¿¿¡ ¡ QUE!???? Dios mío ¿Ahora qué? Nos vamos a morir.- Pero nosotras no dijimos eso, no somos esa especie de imbéciles que andan por ahí, simplemente contestamos- No pasa nada, intentemos buscar una solución- Y así fue como decidimos seguir adelante, era una locura el intentar volver sobre nuestros pasos, tardaríamos horas, y apenas nos quedaba una hora de luz

Continuará....

Tania Ferre